En su libro ZAG, Marty Neumeier nos ofrece una regla de oro para cualquier marca que quiera destacar: "Cuando todos hacen zig, tú haz zag".
En un mercado lleno de mensajes repetidos, diferenciarse de manera radical no es solo una opción, es una cuestión de supervivencia.
Si miramos el "mercado" político en México, el Zig es ensordecedor. En los tres niveles de gobierno, sin importar el color del partido, lo que predomina es un pragmatismo vacío de ideología: el político que regala.
La imagen es siempre la misma: el funcionario entregando arroz, materiales de construcción, tinacos, cosas.
Esta estrategia puede dar resultados electorales, pero a largo plazo es un error fatal de estrategia de marca.
No busca empoderar a las personas, sino crear clientes dóciles que terminan siendo adoradores del Estado.
Es un branding de la dependencia que condena a las regiones a la mediocridad.
La falacia del cacique generoso
Cuando un político basa su marca en la dádiva, revive la figura del cacique que compra voluntades con recursos que no son suyos.
En el branding de la dependencia, el político no es un administrador eficiente, sino un "patrón" que reparte migajas para mantener su estatus.
Esta táctica revela una total falta de propuesta de valor: si la única ventaja competitiva es la "generosidad" con el erario, no tienes una marca, tienes una subasta de lealtades.
El problema de fondo no es solo el gasto ineficiente; es que este modelo destruye la dignidad individual. Al regalar cosas, el político envía un mensaje implícito: "Tú no puedes por ti mismo, necesitas que yo te dé".
Esto anula la capacidad de las personas para forjar sus propios destinos y genera sociedades estancadas que esperan que la solución venga desde el escritorio de un burócrata.
El ZAG de la verdad: garantizar, no regalar
Hacer Zag en este contexto significa romper con el populismo y decirle la verdad a la gente. Es una estrategia difícil de vender a los políticos tradicionales, pero es esencial para construir un futuro más sólido.




